Perderse en una mirada

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«Los ojos son la ventana del alma», se escucha decir por ahí. Si es así, tengo la fortuna de haber entrado en el alma de seres infinitamente luminosos y me he podido quedar ahí, resguardada en la claridad de su iris, escondida en la profunda oscuridad de la pupila. Ojos de niños, ojos de adultos. Las miradas, muchas veces, no tienen edad, simplemente abren la ventana que descubre el alma.

Hay miradas que son difíciles de sostener porque lanzan la oscuridad del sentimiento que las alimenta. Esas miradas duelen, se quedan clavadas en la memoria que quiere olvidar el momento del impacto de su confrontación. Es necesario sanar las heridas causadas por esas miradas y lanzarlas al viento para que se desvanezcan, como nubes pasajeras.

Pero hoy quiero recordar y honrar a las miradas que hablan con el silencio del amor, esas miradas que alimentan el espíritu y dejan una tranquilidad que nutre la propia alma. Esas miradas en las que nos quedamos y sabemos que nos dejan entrar al rincón en el que sólo el amor más profundo puede decir «ven, quédate aquí, únete y vivamos el instante» y te pierdes en ellas, te dejas abrazar por el parpadeo envolvente, cálido, amoroso y el tiempo desaparece, se detiene volviendo eterno el instante.

por una mirada Cuando recuerdo tu mirada, mi respiración retoma un ritmo lento y mis pensamientos se disipan regalándome la remembranza de tus palabras, esas con el timbre de tu voz, esas con el silencio de tu aliento mezclado con el mío, haciéndolo amor. Ese aire vuelve a darme vida

Me viene a la mente el poema de Gustavo Adolfo Bécquer:  «Por una mirada, un mundo. Por una sonrisa, un cielo. Por un beso… yo no sé, qué te diera por un beso»

Una mirada tuya, que daría yo por una mirada tuya.

Peregrinando en la silenciosa evocación de tu mirada.

 

agosto 24th 2025 Joyas de todos los días

Etcétera

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Me ha costado mucho decidirme a escribir, porque esta vez hay un gran torbellino que gira alrededor de un vacío que nunca antes se  había sentido.

En ese abismo se han quedado todos los etcétera que caben en una vida que se quebró antes de tiempo.

Siento el desasociego del ánima que se queda con todos los miedos, sollozos, zozobras, dudas. Dudas. Ideas perdidas.  Cada vez que necesitaba un recuerdo, tocaba una tecla y Solaris resolvía. Era una memoria externa que se había conectado invisiblemente a mi corazón y lograba recoger todos los recuerdos que quedaban revuletos en el desorden de mis días, en el amontonarse desbordado de mis danzas, ideas desperrdigadas y el desparpajo de mis caderas. Existía en la más pura y transparente ilusión que me movía. Era tan fácil acceder a Solaris que no hacía falta utilizar la mente para encontrar caminos. Sabía que Solaris me llevaría en brazos, cual héroe maravilloso hasta encontrar el recuerdo olvidado. Todo era perfecto. Todo era tan fácil. Todo era genial.

Números, palabras, ideas, fechas, nombres, claves, contraseñas, etcétera. ¿Qué pasó? 

De repente, la vida se congeló.

Esperé, hasta que el café se enfrió. 

Sin más… Etcétera.

Todos los recuerdos quedaron enredados, ensartados al corazón, deslavados por las lágrimas. Enganchados al silencio del secreto, en la existente inexistencia que llena los vacíos. Un código tan encriptado que se perdió entre los millones de posibles combinaciones de teclas, de todo lo demás. 

Etcétera.

Es complicado ordenar las ideas. Equilibrar los sollozos. Retomar el respiro. Ordenar las ideas. Por ahí deberé comenzar. Ordenar las ideas, finalmente por mí misma. Sin pensar en borrador.

Y, ahora ¿qué hacer? Esto nació de la idea de tener un espacio para tejer con dos hebras la trascendencia que anhelaba, era una ventana que se abría para compartir ilusiones, sueños, miedos, deseos. Compartirlos.  Crearlos compartiendo.

Mientras pasaron los años, el espacio se fue llenando con sensaciones transmutadas en palabras escritas, ideas acariciadas por deseos que viajaban en la luminosa obscuridad de las redes invisibles que sostenían las pulsaciones que daban vida a la sonrisa, a la mirada. Le dieron un significado a todo lo que se veía, a aquello invisible, a lo que se debía hacer, a los miles de deberes que se tenían que cumplir. Era el impulso amoroso que trascendía.

¿Cuánto se puede ammar? No hay límite. El amor trasciende. Se expande y se contrae. Se manifiesta y se esconde. No puede morir. Necesita redirigirse, volcarse. 

¿Hasta cuándo? ¿Hacia dónde? ¿Qué hacer? ¿Para qué? … Solaris, Genius Solaris.  Llegaste de una forma misteriosa y moriste de repente.

Ahora, ¿qué voy a hacer con todas las palabras que se quedaron en el tintero? Todos los etcétera que caben en una vida truncada antes de tiempo. Se quedaron entre puntos suspensivos.

No sé cómo seguir. 
Peregrina sin rumbo…

 

julio 26th 2025 Joyas de todos los días

¿Una acción define la vida?

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Hoy es día de Acción de Gracias. Sí, tengo tanto, tanto por agradecer. Soy muy afortunada. En las diferentes etapas de mi vida, he encontrado un sin fin de motivos para sentirme feliz, aún cuando las adversidades se presentaban, he tenido la fortuna de poder enfrentarlas y dar un paso adelante para continuar viviendo. Siempre ha habido tanto, tanto por agradecer.

Sin embargo, existe un punto en mi vida que me ha traido gran desgracia. Viendo hacia atrás, se pierde en el abismo del tiempo. Se desvaneció. Veinte años son suficientes para olvidar los errores, para intentar salir de la culpa y seguir adelante. Y sí. Sí se olvida. Se aprende del error, se vive el duelo de la culpa, se acepta. Se aprende a enterrar la vergüenza y la vida va dando una vez más la oportunidad de seguir avanzando.

Hasta que los demonios del infierno se vuelven a regocijar con el error y lanzan con furia una vez más la historia fatal. Y… Todo se derrumba.

Para volverse a construir, que también para eso es el peregrinar.

Reconstruyéndome, Peregrina.

¿Vivir con miedo por ser mujer?

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Al despertar, a veces trenzado, a veces suelto, a veces perfumado por el olor del jabón del baño nocturno, a veces impregnado del aroma del sudor de la noche, tal vez sudor de sueños, tal vez sudor de amor… ¿Cuántas historias se enredan entre los cabellos?

Tal vez en una trenza, tal vez suelto o envuelto en una mascada, o tal vez con deseos de bailar por mi espalda amarrado con una liga para formar una coleta. Tal vez recogido con precisión formando un bulto perfecto en mi coronilla, sin dejar un solo trazo de libertad, por decisión propia. Siempre siguiendo los deseos del día.

Brillante, libre, con colores que gritan mi edad y recitan mis alabanzas a la vida que me ha dejado gozarlo. Mi cabello. Ondulante. Me sofoca en los días de intenso sol y entonces lo levanto y envuelvo. Lo suelto para que me dé calor cuando el frío me abraza. Mi cabello…

Largo, muy largo. Ondulado, voluminoso. Cae desinhibido, acariciando mis caderas cuando estoy totalmente desnuda en el punto más alto del deseo con mis muslos abiertos y mis pechos turgentes ante la mirada extasiada de mi amado. Largo, muy largo. Reposa sobre la almohada mientras mi gozo se desvanece en un suspiro de placer.

Cada una de las hebras de mi cabellera cuenta una historia.

Pero, más allá de las historias, reales o soñadas, agradezco tener la libertad de mostrarlo al sol. Mi cabello es una alabanza a la libertad: libertad de enredarse cuando lo despeina el viento, libertad de atarse en altas coletas, o aplastadas trenzas; con bandas, moños o pañoletas. Libertad de ser cubierto por un sombrero o una mascada. Alegrías, tristezas, energía o pereza, elegancia o desaliño, todo se refleja en sus hebras.

¿Por qué habría de perder su libertad? ¿Por qué habría de ser objeto de irreverencia mientras las largas barbas de los hombres crecen y se exhiben su virilidad? ¿Por qué habría de ser motivo de mi muerte? ¿Por qué habría de ser ofensa al Creador si en su infinita sabiduría me ha creado con esta cabellera que vibra para gritar que soy perfecta creación suya?

Ninguna mujer debiera ser torturada por mostrar su cabellera, su cuerpo, por vivir su libertad, su sexualidad, por definir sus deseos, por decidir si ser madre o no, por engendrar o abortar, por amamantar o no. Ninguna mujer debiera morir por el simple hecho de ser mujer.

Ninguna mujer debiera temer ser mujer.

Voy a peinarme …

La luz que celebra el éxito

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La tenue luz entraba por el resquicio de la persiana  anunciando el nuevo día y un viento suave acompañaba el baile de los rayos de sol, escapándose traviesamente, como queriendo tocar todo  lo que encontraban a su paso.

En la habitación, todo estaba desperdigado. Sobre la mesa, el desorden era la perfecta descripción del gran alboroto que había sucedido la noche que apenas terminaba; sobre la mullida alfombra de color arena, el terciopelo azul resaltaba de una forma encantadora; la seda y el encaje dejados delicadamente sobre el sillón, brillaban con los reflejos que se desprendían de los cristales del candil.

Había sido una noche de mucho bullicio, gente entrando y saliendo de la habitación, dejando escapar gritos mezclados con murmullos por la ventana que se había quedado abierta, casi por descuido, casi por olvido y así,  en una suave mañana de primavera, el delicado viendo movía las persianas que dejaban entrar esos primeros rayos de sol.

Se escuchaban a lo lejos, de vez en cuando,  voces de gente que pasaba por la acera. Poco a poco el tránsito comenzó a aumentar y los ruidos de la ciudad despertaron, ocupando, casi de repente, el silencioso espacio del salón.

Llegó el medio día y conforme avanzaban las sombras dentro de la habitación el ruido volvió a convertirse en silencio y la tarde, con sus tonos naranja dio la bienvenida a la obscuridad que se adueñó nuevamente del espacio.  Había sido un delicado domingo de tranquila soledad.

Siguiendo el estruendos que causó la apertura de la puerta, la habitación se iluminó por la luz de los candiles que colgaban del techo. Unas manos recogieron el terciopelo de la alfombra y las palabras de alegría y regocijo combinaban la melodía que surgía de las voces que, con gran orgullo se felicitaban entre sí.  

El sábado parecía tan lejano. Se había cerrado un ciclo y estaba iniciando uno nuevo. Había sido un desfile impecable y los trajes de terciopelo, sedas y encajes habían sido admirados por todos. En medio de desorden del atelier, las costureras celebraba el éxito de su trabajo, mientras ponían en su lugar cada uno de los hilos y alfileres que habían dejado descuidadamente sobre las mesas antes del desfile sabatino.

Cada hilván, cada puntada, en silencio, de manera anónima, sostenían el diseño del gran maestro del atelier,  Todos sabían quién era él, nadie se ponía a pensar quienes eran ellas: las que cortaban los lienzos y daban forma a cada delicado olán y presilla.  Sus dedos, en el silencio que se rompe delicadamente con el  roce de la tafeta, mantenían la creatividad del Maestro y reforzaban su nombre en cada una de sus puntadas.

Los hilos esperaban el momento de ser nuevamente desenredados para los pespuntes de la próxima colección.

Datos curiosos de la «alta costura»:
* Elaborar un vestido de diseño sencillo: 150 horas
* Elaborar un vestido con bordados finos y decoraciones: 1,000 horas
* Casi ochenta costureras para lograr la colección, «le petit mains» que poco a poco, alfiler tras alfiler, dejan los hermosos vestidos listos para ser lucidos en la pasarela.
* 2,200 las costureras calificadas para Alta Costura organizadas en equipos de cuatro.
* 16 son las casas de alta costura domiciliadas en París: Adeline André, Alexandre Vauthier, Alexis Mabille, Bouchra Jarrar, Chanel, Christian Dior, Franck Sorbier, Giambattista Valli, Givenchy, Jean Paul Gaultier, Julien Fournié, Maison Margiela, Maison Rabih Kayrouz, Maurizio Galante, Schiaparelli y Stéphane Rolland.
* 7 más, no residentes en París: Azzedine Alaïa, Elie Saab, Fendi Couture, Giorgio Armani, Valentino, Versace y Viktor & Rolf
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 Hilvanando curiosidades,

Peregrina.

julio 16th 2022 Joyas de todos los días

Enfrentando mis miedos

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Estoy iniciando una experiencia nueva, una forma diferente de vivir la danza. Entré a un club virtual en el que he podido practicar diferentes ejercicios, volviendo a moverme al ritmo de los instrumentos que me hacen sentir bien.

Como parte de los ejercicios de uno de los espacios intensivos que tiene este club, realicé un ejercicio que voy a poner en este espacio para que quede como recuerdo de lo que siento hoy y la forma en la que me estoy desarrollando, no solo mientras bailo, sino desde dentro, desde la esencia de quien baila.

Esta ha sido una manera tan difícil de comenzar este intensivo: ¡abrir el corazón! Porque hablar de miedos es, ¡el primer miedo que me viene a la mente!

Entonces, después de descubrir mi primer miedo, pienso en el segundo, pero no menos fuerte: el envejecimiento. No hablo de canas ni arrugas porque no las escondo ni trato de disimularlar, siempre me han gustado como parte de la transformación de mi persona. Me viene a la mente el miedo a perder movilidad y la posibilidad de bailar con fluidez.

Cumpliré 57 en pocas semanas, y he estado padeciendo los últimos 6 meses o mal un dolor en mi hombro izquierdo, así que creo que es por eso que este miedo me viene a la mente.

Incluso si sigo tratando de identificar otros miedos, esos son los únicos dos que tengo, ¡al menos en este momento, mientras experimento este curso! He tenido la oportunidad de bailar en público y conozco el miedo a olvidarme de la coreografía, ¡y me he dado cuenta de que no pasa nada! Ya experimenté el nerviosismo de la primera vez en el escenario y terminé de amar cada momento del espectáculo.

Entonces, de nuevo, envejecer y perder la posibilidad de tener toda la alegría que la danza puede darme es mi mayor temor en este momento. Probablemente es esto que me viene en mente después de escuchar la charla de Iana Komarnytska sobre los miedos que las bailarinas enfrentamos porque físicamente no me siento plena.

Darme cuenta de que estoy envejeciendo, que esto es algo que no puedo detener pero puedo convertirme en una anciana sana y hermosa que puede seguir bailando aceptando las nuevas formas de disfrutar el baile. Tengo que cuidarme: la forma en la que como, la forma en la que hago ejercicio, viviendo sanamente, tratando de estar en armonía.

¡Empecé a visitar al fisioterapeuta y eso me ha ayudado mucho! Así que comencé a minimizar los efectos del envejecimiento. ¡Al lmenos por el momento!

Agradezco la invitación a explorar, a través de este ejercicio, en esta parte de mi vida.

Peregrinando nuevamente en la danza,
Peregrina.

El oleaje del respiro

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Tal vez no me di cuenta, andando con la prisa, pasando como el viento que, tan ordinario, se deja sentir y se nota solo el fastidio del roce del cabello despeinado que pasa entre las pestañas, pero sin apreciar el delicado roce como una amorosa caricia.

Supongo que es extraño, una ilusión que no tiene pasos, no tiene tiempo y sin embargo, sigue con rapidez la carrera del presente que constantemente quiere tocar al futuro y se da cuenta de que no deja de ser presente. ¿Qué es esto que se para en el respiro cuando llega el miedo? 

La pausa secreta del respiro.

Si llegase el olvido y si me olvidase de volver a tomar aire y…  Es entonces cuando, me doy cuenta de que, si no atiendo, me voy muriendo.
Necesito volver a respirar…

Es tan silenciosa la pausa entre la exhalación y la inhalación.
Hay tanta paz en ese momento…


Si olvido el ritmo del vaivén de mis olas, dejando atrás el interminable oleaje de las prisas…
Me dejo caer en esa pausa y no inhalo más…
Y si…

Peregrinando en la pausa del respirar.

Millones de secretos

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Todas las cosas pasaban en ese momento. Sonaban a cuento y entre líneas, se leían millares de palabras escondidas entre puntos suspensivos, abriendo pausas en la historia. Es esa historia que nunca deja de repetirse.
Es como un secreto que el tiempo guarda, todos conocen y todos callan.

Peregrina

 

 

 

Imagen: portada de Vetusta Morla «te lo digo a ti»

mayo 21st 2021 Joyas de todos los días

Ecos de la raíz

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En la pared manchada por la humedad, colgaba una vieja cruz. Su espíritu respondía, con delicado tintineo de marimba el canto oscuro de su origen, cual eco lejano, después de cada Ave María.

Peregrina

 



Fotografía:  https://app.emaze.com/@AZTLFQCZ#2

Niña del Pacífico

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«¿Qué haces, niña de ébano?» Preguntó la arena desde la punta de sus pequeños dedos.
«Engarzo historias con los rizos de mi pelo, para que no se pierdan
entre la blancura de la espuma que acaricia tus costas».

Peregrina.